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Tocamos fondo para darnos cuenta que podíamos rencauzar nuestras vidas

Jovencitas en rehabilitación, dan su testimonio sobre la experiencia en el mundo de las adicciones

Esteban Villalobos

sábado, 08 febrero 2020 | 21:41

Parral.- Pamela y Lizbeth dos jóvenes de 21 y 22 años de edad respectivamente, recientemente terminaron su tratamiento, para dejar su adicción al cristal y marihuana, en el Centro de rehabilitación para mujeres Santa María Magdalena y aseguran que tuvieron que tocar fondo para darse cuenta que podían reencauzar sus vidas.

“Tengo un hijo que está en custodia por mi problema, pero estoy en proceso de recuperarlo y estoy segura que lo lograre”, dijo Pamela quien luego de cuatro meses de internamiento, tiene metas establecidas en su vida y añade, “volví a la escuela voy a empezar el semestre” y apunta con un dejo de tristeza, “antes de mi adicción estudiaba psicología, pero me gano la droga”.

Acepta que son 17 semanas de rehabilitación de las cuales las primeras son difícil de sobrellevar, pues es la aceptación del problema primero y luego viene la desintoxicación.

Recuerda que ella fue de visita al Centro apoyada por su familia, sin embargo, no aceptaba su problema hasta que entendió que requiera el apoyo, entonces, agrega, “tienes que tocar fondo para decir no quiero esta vida, ya me canse de seguir, así quiero estar bien y ser feliz”.

Estando en el Centro me di cuenta que los milagros existen ya que en este se cuenta con personas capacitadas quienes nos muestran el valor que tenemos, como mujeres, hijas y madres, por ello, el exhorto a las mujeres como yo que están dentro de las adicciones, es que todo es posible si ellas quieren.

Para quienes pueden caer en el vicio, preciso, “todas tenemos problemas no estoy peleada con las drogas ni con quien las consume, estoy peleada conmigo misma, porque estoy enferma de mis emociones, entonces hay que saber controlar las emociones por lo que la sugerencia es acercarse a estos grupos de prevención”.

Cuestionada sobre el motivo por el cual utilizó drogas, destacó que hay muchas formas de justificarse, pero, argumenta, caí por la soledad, soy hija única y mis padres se separaron y es en ese momento cuando quedo sola y empiezo a refugiarme en personas erróneas.

En tanto Lizbeth, quien se autodefine como una enferma adicta en recuperación, pues apenas egreso el 31 de enero, dijo que ha sido la mejor experiencia que ha tenido en cuanto a recuperación pues, acepta, haber tenido dos procesos de recuperación anteriormente y en ambos volvió a caer en las adicciones.

“En esta ocasión de devolvieron a la vida”, porque después de varios años de un estilo de vida en las drogas siendo ingobernable, yo decido internarme con la ayuda de mi mamá en esta ocasión.

Antes estuve en Juárez y Chihuahua en centros de rehabilitación y fue a los 14 años cuando estuve por primera vez internada por cuestiones de conducta y la segunda fue por adicción a las drogas pues a partir de los 16 años empecé a consumir cristal.

Acepta que el ambiente en que ella se desarrolló fue lo que la llevo a las drogas, “vivía en Juárez con el papá de mi hija de dos años y los padres de él y vuelvo a recaer en las drogas tras permanecer en un centro de rehabilitación, pues mi pareja también se droga”.

“Por ello a partir de entrar al Centro en Parral, mi vida cambia, vuelvo a ser otra persona, me llego un despertar espiritual en un momento de mi vida que me hacía falta, miro las condiciones en que estoy y miró a mi hija en las condiciones en que se encuentra y dije ya hasta aquí”.